Pandemia e incertidumbre
Es Argentina, marzo de 2020, algo hay en el aire, no se sabe bien, pero hay algo, que se pensaba remoto, pero que con los viajeros cruzó el Atlántico. Todos vivían sus vidas su mundo, alegrías y tristezas. Las ciudades se prestaban a iniciar con las actividades luego de las vacaciones estivales. Siempre se dice que el año fuerte de trabajo comienza con el inicio de las clases. Ya todos están en la ciudad, y siempre en los inicios aparece la esperanza, es como cuando brindamos el primero de año con todos los deseos puestos en el año que se inicia, sólo que aquí sabemos que se inicia en Marzo con el inicio de clases.
Lo cotidiano, trenes repletos de madrugada, colectivos llevando su preciado equipaje, los seres que se dirigen a sus obligaciones naturales, providenciales, excepcionales, toda variopinta posibilidad de desplazarse con libertad por el mundo, el grande o pequeño mundo que la gente vive. Madres y padres corriendo con sus niñitos con sus guardapolvos inmaculadamente blancos, aroma a jabón y a colonia. Todos prolijos, limpios, algunos dormidos otros resueltos. Las nuevas mañanas del año de trabajo. Lentamente se despierta la ciudad, hombres y mujeres baldeando veredas. El diariero que prepara los pedidos en su puesto mientras toma un mate amargo. Los cafés ya reciben a los primeros que desayunan. El aroma a café inunda la cuadra junto con la panadería de enfrente. Gente que se desplaza de norte a sur y de este a oeste, autos que van y vienen. Una ciudad en marcha, una provincia en marcha, un país en marcha.
En oriente, mientras transcurría nuestro verano, un virus atacaba de manera silenciosa y cruel, los primeros casos se dieron en China. Rápidamente el contagio avanzaba. Nosotros lo veíamos tan lejos que sólo recibíamos las alarmantes noticias de la cantidad de contagios y muertes en poco tiempo.
De una semana a la otra miles de muertos, España, Italia, en ese momento comenzaron vislumbrar el peligro,las autoridades, nosotros los ciudadanos imbuidos en nuestras propias historias sólo vivíamos nuestras vidas.
Lo comenzó a alarmar era que en España e Italia moría mucha gente por día el virus se propagaba a la velocidad del rayo, comenzaron los rumores, muchos como yo, opinábamos que acá iba a llegar en invierno, pero estaba equivocado con mi palpito. En la tercera semana de Marzo se declaró la primera cuarentena.
Este hecho, cambió la vida de todas las personas en el mundo, para esas alturas el virus se declaró Pandemia. y la única forma de evitar contagiarse es lavarse las manos, mantener limpio todo y sobre todo, Distancia social.
Ni en la mejor novela de ciencia ficción podía prever que ciudades como Roma, Madrid, Nueva York, Tokio, Berlin, México DF, Paris, Buenos Aires quedaran desoladas. Todo el mundo encerrado en sus casas, fuertes controles policiales, toque de queda, etcétera. Cerraron todo tipo de negocios, fábricas, sólo podía ir a trabajar aquel que fuera esencial. Como la industria alimenticia , farmacéutica, sólo podían trabajar aquellos que lo hicieran en el rubro alimenticio, la salud, seguridad. ((gente expuesta a enfermarse). Los mayores de sesenta años eran personas de riesgo, ya que la mayoría de la gente que fallecía era mayor de setenta años.
Así las cosas cada quince o veinte días se extendía la cuarentena, con idas y vueltas. Hubo semanas que se permitieron abrir algunos comercios, y salidas deportivas, pero los casos se triplicaron, y se volvieron a endurecer las restricciones. El saldo es mucha muerte, pobreza y desolación. Cerraron definitivamente comercios clásicos de la ciudad, cerraron para siempre comercios de ropa, calzado, de cosas superfluas, pero todas esas personas vivían de su trabajo que ahora no tienen. La mayoría de las personas está endeudada y enferma, porque el que no tieene el COVID 19, tiene el corazón herido o destrozado, los nervios hechos añicos,
La proyección es más miseria, dolor y muerte. Es una guerra silenciosa en la que la raza humana deberá aprender de una buena vez, que los seres humanos somos frágiles y que cualquier virus, bacteria o enfermedad nos puede aniquilar. y no podemos darnos el lujo de pelear por cosas que no tienen sentido en este momento. Hay en este mundo mucha gente que sufre hambre y necesidades incompatibles en un mundo rico en todo y que no se sabe distribuir. Es hora que el hombre como raza se ponga a la altura de las circunstancias y ayude a sobrevivir, lo que queda. Si este virurs sigue destrozará no solo las economías mundiales sino también, a mucha gente valiosa que no podemos perder. Porque este virus no conoce clases sociales, ataca a todo el mundo por igual. Cada persona es valiosa por sí misma, no dejemos que mueran. Es hora de que la gente poderosa haga su aporte para ayudar a los científicos a descubrir, el medicamento que cure y la vacuna que prevenga más muertes.
Es hora de despertar, todo habitante de este maravilloso planeta es valioso. Es hora que dejen de lado la avaricia y pongan las manos en sus cuentas bancarias y empiecen a ser filántropos para que el porvenir no sea una incertidumbre y podamos vivir en un mundo mejor.
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